Cuando yo era pequeña y quería golosinas, mi madre, sin rodeos, me decía rotundamente que no, que eso eran porquerías y que me harían daño en el estómago. Era una época en la que la televisión parecía ser cultura y la mítica serie de dibujos «Érase una vez la vida» reforzaba la teoría de mi madre. Ahora parece que ocurre lo contrario; la televisión refuerza el consumo de productos que no son necesarios para nuestra alimentación y que nos restan vitalidad y bienestar: cremas de cacao, panes industriales, refrescos, embutidos ultraprocesados. Todos con un ingrediente estrella común: el azúcar.

La alimentación infantil debe tener los mismos criterios a lo largo de la vida: alimentos reales, de temporada y de proximidad. ¿Se pueden hacer excepciones? Sí, por supuesto, pero siempre con una base de conocimiento sobre cómo funciona nuestro organismo.

Si un adulto no es capaz de relacionar que lo que come tiene una incidencia directa en su salud y bienestar, será muy difícil que pueda guiar a otras personitas pequeñas a disfrutar de una alimentación adecuada. Nuestra especie ha ido evolucionando a lo largo de miles de millones de años con una alimentación muy similar; sin embargo, en las últimas décadas hemos hecho un cambio de hábitos alimentarios muy radical, a favor de productos envasados y reduciendo el consumo de alimentos frescos. Esto tiene consecuencias: pérdida de vitalidad y energía, enfermedades raras, intolerancias y alergias alimentarias y, consecuentemente, una pérdida de bienestar general.

Una alimentación infantil saludable es una alimentación variada, real, de temporada y de proximidad. Saber cómo funciona nuestro organismo es el primer paso para poder tomar decisiones con la alimentación de los más pequeños. Si un adulto desconoce los beneficios de una alimentación variada y nutritiva, si no sabe qué ocurre en el cuerpo cuando toma un refresco de cola o una golosina, será muy difícil participar en la alimentación saludable de los pequeños porque habrá una falta de conocimiento que dificultará este acompañamiento.

Una alimentación saludable implica tomar partido, responsabilizarse y conocer el propio cuerpo; determinar qué estilo de vida quieres llevar e involucrarte. El sentido común ya nos advierte que el azúcar, las golosinas, los refrescos y los productos alimenticios envasados con una larguísima lista de ingredientes desconocidos no son buenos aliados para la salud; y mucho menos durante la etapa infantil, ya que el desarrollo del cuerpo y el cerebro, el funcionamiento del organismo y el sistema hormonal requieren un máximo respeto. La etapa infantil es un período que necesita mucho acompañamiento, comprender el porqué de las cosas, experimentar la felicidad de descubrir los alimentos de cada temporada, disfrutar de las texturas, de los aromas, jugar con los alimentos para descubrirlos, hablar de las capacidades que tienen para hacernos más grandes y fuertes, y experimentar también con la naturalidad de los sabores para que el paladar reconozca un alimento real.

Es necesario considerar la alimentación como una cuestión de relevancia vital. No se trata tanto de decir no a las golosinas, sino de poner mucho énfasis en lo que sí comeremos y necesitamos para crecer, tener energía, estar felices y vitales. Colocar la alimentación en el centro, visitar el mercado en familia, buscar juntos los nutrientes de los alimentos y descubrir qué nos aportan es una fórmula infalible; hacer participar a los niños en la elección del menú en casa, comentar el de la escuela y buscar alternativas a aquellos alimentos que no nos sientan del todo bien con la ayuda de un profesional de la nutrición lo más actualizado posible. La alimentación es algo que compartimos todas las personas de todas las edades y, por lo tanto, es una de las cuestiones más relevantes en la vida. Sin alimentos no podemos vivir. Y como vivimos, queremos hacerlo con toda la energía y vitalidad para poder estar bien sanos y disfrutar al máximo.

Entiendo perfectamente las grandes dificultades en el día a día para «luchar» contra todos los anuncios y estímulos que nos animan a consumir ciertos productos que no contribuyen en nada a nuestro bienestar. Conocimiento y conciencia son los aliados.

Recientemente he comprado dos cuentos fantásticos de la nutricionista Blanca García para el cumpleaños de mi sobrino. Rai tiene 4 años y nada le interesa más que comer. Bueno, sí, tiene una extraña fascinación por las señales de tráfico. El caso es que Rai sabe que alimentarse es un ritual fantástico y delicioso del que disfrutamos toda la familia; es un legado que hemos continuado.

Los cuentos que pueden ayudarles a entablar conversaciones con los más pequeños son «Ben sanets» e «Immunitzats». A mí personalmente me parecen una maravilla y además encontrarán alguna receta para cocinar y disfrutar mucho degustándola.

Ben sanets
          immunitzats

Por cierto, si van al restaurante, prueben a pedir para los más pequeños platos de la carta como para el resto de los comensales; el menú infantil reduce las posibilidades de probar alimentos justo en un momento en el que vamos al restaurante a descubrir y degustar platos nuevos. El enlace de la página web de La Revolta es este.

¡Salud y buenos alimentos!

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